Trail Running Argentina
Relatos

4 Refugios es AB-SURDA

Estaba esperando el momento de largar la 4 Refugios no desde qué me termine inscribiendo para la carrera a comienzos de enero, sino qué desde hace un par de años cuándo escuche hablar por primera vez de ella.

Foto de portada: Saliendo del Refugio Lopez a Meta. Marcelo Amela

Esta carrera tiene probablemente más años e historia qué cualquiera de las qué tenemos en nuestro país, la famosa “clásica” lleva algo así como 11 versiones y a pesar de haber ido sufriendo leves modificaciones a lo largo del tiempo, se ha ido construyendo una reputación por si sola. “La verdadera carrera de montaña de Argentina/Sudamérica.

No tengo idea por qué me demore tanto en atar los puntos y terminar en la línea de partida de esta carrera qué tanto prometía, sobre todo, con mi atracción a los recorridos técnicos de verdad y qué por sobre-todo, tuvieran un sentido de lógica mucho más allá qué la de completar un kilometraje X o hacerla “dura por qué si”. Unir 4 refugios de un tirón en la Patagonia Argentina sonaba como un verdadero placer.

Un par de sorbos de café, haciendo el checklist mental de todo el equipamiento obligatorio, tratar de ajustarme el casco con la linterna (tarea qué es mucho más compleja de lo que suena) y ya no queda mucho más qué hacer. Para variar, me las ingenie para olvidarme de algo y justo cuando estaba llegando a encajonarme, me acuerdo qué había dejado los guantes en la cabaña. Clásico.

Cómo ya había hecho el comienzo del recorrido el día viernes, sabía qué si o si tenía qué tratar de apretar antes de que el sendero se cerrara porque si no, me iba a quedar atascado de un taco qué podría llegar a durar 30m. Afortunadamente, a pesar de partir muy atrás, logré zafar de casi todo este y cuándo empezamos la trepada hacia el Frey ya iba completamente solo tratando de ver si pillaba las linternas qué se veían más adelante.

La subida al Frey me la tome con toda la calma, demasiada quizás, pero cómo mi estómago estaba completamente en huelga, no quise presionarlo para nada a ver si me daba un poco de respiro después de esta primera trepada. Llegue al refugio justo cuando los primeros rayos de sol se asomaban por mi espalda, y vamos dándole qué esto recién comienza.

Primera trepada de verdad del día hacia la Cancha de Fútbol y pienso que este tiene qué ser uno de los mejores amaneceres qué me han tocado en la montaña. Levantar la vista y mirar por donde nos teníamos qué encaramar no hacía nada más qué ponerme una sonrisa en la cara. Al parecer, todo lo que había escuchado de la carrera era verdad. Menos de dos horas y ya estaba totalmente comprado por la carrera.

Primera bajada de verdad del día y dejo que la gravedad haga lo suyo. Un minuto y medio llevo y me doblo mi tobillo malo. 5 segundos para putear y a olvidar, qué no llevo ni un 1/3 de la carrera cómo para andar llorando. Esta primera bajada es hermosa. Todo lo que me gusta de este deporte se podría resumir en ese segmento. Alcanzo sin nada de esfuerzo a 3 corredores y llego al valle con la moral alta pero algo débil después de dos horas con solo unos sorbos de agua en el cuerpo.

Llegando al Ref. Lopez. Foto: Rodri Lizama

Llegando al Ref. Lopez. Foto: Rodri Lizama

2da trepada media seria del día antes de llegar al Jakob y ya siento que estoy medio que bonkeo. Llego medio mareado al puesto, me revisan el material obligatorio y trato de meterme un cuarto de naranja a la fuerza. Pasa. Me avisan qué el tiempo muerto esta 20-30m más adelante y decido tratar de llegar allá para intentar comer “bien” ahí. Trepando más lento que nunca, llego al tiempo muerto (por una lengua de piedra qué probablemente sea la más exquisita qué haya hecho en una carrera) y me empiezan a dar los típicos escalofríos de cuando me va a dar la pálida. Me tomo mi tiempo para armarme el arnés y trato de meterme un block de Clif. Pasa. Empiezo el tramo de cuerdas qué me tomo algo así como 15-20m y como todavía tengo uno 10m de espera, aprovecho de meterme otro block. Tiritando de frío me dan la largada y mi tobillo malo apenas puede pisar. Pánico de 5 segundos y de a poco empieza a aflojar hasta llegar a la traversera qué venía después.

Con toda la calma del mundo atravesé este patio de piedras hermoso y cuando llegue al otro filo que había que conectar, el azúcar ya me había llegado a las piernas y por fin puedo correr un poco como la gente. Vuelvo a pasar a 2 corredores más en lo que creo es la bajada más técnica que me haya tocado hacer en una carrera, y que bien que lo estoy pasando ahora!

Llego a otro valle, atravieso mallín, barro y más mallín y finalmente llego a la bifurcación que marca la trepada hacia el Refugio “Laguna Negra”. Este segmento es loco. Subiendo por una lengua de piedra (si, otra más) rodeado de ramas y arboles que a ratos me hacía pensar que estaba en la selva, la subida me sale decente y por primera vez le veo algo de esperanzas al día. Incluso alcanzo a un corredor más antes de llegar al refugio y una vez ahí; vuelta a meterme naranjas a la fuerza. Dani qué estaba en este punto me da la buena suerte y salgo con ganas de matar lo qué queda.

Pero 4 Refugios no perdona y antes de terminar la subida que nos daba una vista privilegiada a la laguna, empiezo a bonkear de nuevo. En lo que me pareció una eternidad,  me las ingenio para terminar la subida, salvar en la bajada y estar nuevamente en un valle trotando a ritmo de chiste.

La MURALLA del López. Absurda.

La MURALLA del López. Absurda.

Con la moral por el suelo, levanto la vista y veo la famosa “muralla”. Ya no sé si reír o llorar. Opto por lo primero y no me queda otra que agachar la cabeza, apretar los dientes y tratar de subir como sea la última trepada del día. El acarreo y la pendiente no dan un segundo de tregua. La subida no termina nunca. Ya pienso que de verdad no quiero más y ni me acuerdo cuándo fue la última vez que estuve tan cansado. Llego al portezuelo y como si todas las vistas del día no hubiesen sido gloriosas, la que teníamos enfrente de nosotros ahora; era perfecta.

Nuevamente dejo que la gravedad haga lo suyo en la bajada y llego al Lopez con ganas de matar lo que queda. Un par de naranjas, el abrazo de Ropo y vamos dándole que me dicen qué solo hay 6 kilómetros “fáciles” hasta la meta. Que bien se siente poder estirar las piernas corriendo y poder levantar la vista por más de 2 segundos sin tener miedo a caerse jaja.

Con el wingsuit puesto y el olor a la meta, la bajada se me hace corta. Ya empieza a aparecer la gente y llego al camino que empieza a marcar el final de esta aventura. A pesar de lo mal que me siento y lo mucho que quiero dejar de correr; tengo sentimientos encontrados, no quiero que esta aventura se termine del todo. Cruzo la meta, un par de abrazos y lo único que quiero es echarme un rato. Nunca me imaginé que una carrera de 45k me podría dejar tan roto como me sentía.

Gracias a todos los que están detrás de organizar esta tremenda carrera, que me imagino, logísticamente no es nada de fácil de realizar. Una real joya poder correr acá gracias a toda la seguridad y asistencias que hay en medio de la ruta.

Nos vemos el próximo año!


Tags: 2016, 4 Refugios, Max Keith

Desde Chile, nuestro primer colaborador, otro loco más igual que nosotros. A sus 27 años, Max es otro apasionado por la montaña, desde el patio de su casa nos irá contando que pasa de aquel lado de la cordillera.

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