Trail Running Argentina

Editorial: Memoria

El corredor no tiene memoria. Al menos, el corredor argentino no tiene memoria. ¿Y el de montaña? Mucho menos, pareciera. Debo generalizar y, también, incluirme en esta afirmación porque seguramente no soy la excepción a esto de no-tener-memoria.

¿Será un problema del ego? Seguramente. Los que ponemos un pie delante del otro somos muy egocéntricos y creemos ser mejores que los demás solo por este simple hecho y por la decisión de llevarlo a cabo.

Y, quizás, en el afán de alimentar este ego, o lo que sea que mueva a cada uno a calzarse las zapatillas, despegar los pies del piso y acelerar el paso, aparecen los vivos de siempre, los mercenarios que se aprovechan de esta situación para llenar sus bolsillos sin importar cómo. ¡Ojo!, por supuesto que no estoy en contra de quien organiza una carrera, gana dinero por su trabajo y va por la vida con la tranquilidad de hacer una labor digna y de brindar un buen servicio al corredor. O alimentar su ego. O cultivar sus sentidos, su corazón, su mente, o lo que sea que cada corredor elija. De lo que sí estoy en contra es del avariento, del que dibuja y vende espejitos de colores en busca de inflar su bolsillo y multiplicar ganancias. Pero más aún, estoy en contra del mercenario que, vaya a saber uno si por ahorrar “gastos” en personal capacitado, es incapaz garantizar las medidas de seguridad necesarias en un circuito para cuidar algo mucho más importante que el puto ego del corredor: la vida de la persona. Porque detrás de cada ego, eguito o súper ego, hay una persona con una vida, con familia, con amigos y con proyectos.

Y esa vida fue la que le quitaron a Nacho. Y casi se lo hacen a una chica más. Y casi, también, a varios más en la Yerba Buena – Tafi del Valle de 2012. Con poner una cuerda y pagarle a dos bomberos nada hubiera pasado. Pero no: “yo mismo crucé el río varias veces con mi señora y no pasa nada,” justificó el negligente ser que organiza esta mierda de carrera. Y así fue cómo el río se llevó puesta a una chica. Y Nacho hizo lo que hubiera hecho cualquiera de nosotros: ayudar. Ayudar y morir, claro.

Sólo basta googlear “Ignacio Studer” para entender un poquito más la situación. No la voy a explicar porque ya no quiero volver a hacerlo. Sólo quiero que el recuerdo de Nacho no muera, ya que justicia no se va a hacer.

¿Y por qué escribo esto hoy? Porque el fin de semana se volvió a correr una nueva edición de esta mierda de carrera, bajo las ordenes de esta negli-gente que también organiza otras carreras, incluso hasta hace poco una que parecía que no fuera suya ya que estaba dentro del auto-proclamado circuito más prestigioso y federal (o cómo sea que se catalogue al K21) de carreras de nosequé.

Y acá es donde digo: ¡No vayamos más a estas carreras!, a las que mataron gente, a las que no cuidan, a las que nos revientan el bolsillo, a las que nos cagan como de arriba de un poste y nos hacen sentir que somos parte de un falso espíritu. El mundo es grande. Y, si lo que queremos es competir, es mucho más barato que en casa. Si no, vayamos a pasear a la montaña con amigos que seguro vamos estar más cuidados.

Disculpen si no les gusta esto que escribo. No lo hago para que les guste. Escribo para intentar tener memoria y que estas cosas no vuelvan a pasar. Tienen un montón de otros sitios para leer si no les gusta este. Pero yo no quiero más Nachos ni tampoco las carreras más caras del mundo en los senderos más lindos del mundo. Que son los nuestros.


Tags: Editorial, Ignacio Studer

Mauri es el editor principal de nuestro sitio, corredor de montaña hace varios años y de ultra hace unos menos, pero por sobre todo amante de la montaña. Reside en la ciudad de Neuquén Capital.

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