Trail Running Argentina
Relatos

Vulcano UltraTrail 2013, por Max Keith

Con toda la sinceridad que lo caracteriza, recibimos a nuestro nuevo escritor desde el otro lado de la cordillera: Max Keith. Tuvo una experiencia fantástica en la Vulcano Ultra Trail el pasado fin de semana, y nos cuenta como la vivió. Imperdible relato para motivar el fin de semana.

Foto de Portada: Largada VUT 13. Patrick Thurber

El día jueves antes de la carrera estábamos en el parque Vicente Pérez Rosales con la gente de la organización y el corredor de LaFuma España Lolo Diez a los pies del Volcán Osorno. Ahí abajo conversando de cómo se vendría la cosa y admirando el paisaje- que yo solo había visto por fotos – supe de inmediato que esto sería una carrera para no olvidar. Todos los que largamos ese día, vamos a pasar a la historia por estar presentes en la primera edición de la Vulcano Ultra Trail y eso no es menor.

La banda Trasandina Internacional, en acreditación. Foto: Organización

La banda Trasandina Internacional, en acreditación. Foto: Organización

6:00 A.M en punto y largamos con el Lago de todos los Santos a nuestras espaldas iluminado por un sol que se asomaba más fuerte que nunca desde la cordillera. Sin muchas expectativas en el lado competitivo, largue con mucha calma esperando a ver como se desarrollaban las cosas durante el día y ver si las piernas tenían ganas de empujar o no. Pero de algo estaba seguro: quería terminar costara lo que costara.

Los primeros kilómetros pasan tranquilos viendo al grupo de avanzada escaparse antes de que me diera cuenta de que acá habíamos venido a correr a fondo. Era difícil/imposible no sentirse extasiado a medida que nos adentrábamos en las faldas del Volcán. Se acababa el camino ancho que ayudaba a entrar en calor y empezaba la diversión: un lecho de rio erosionado por el paso del agua y unas remontadas que con el apoyo de cuerdas y raíces hacían de la primera trepada del día una de cuidado. El camino se iba haciendo un poco más técnico y al terminar la primera subida del día ya estaba entre los 15 primeros. Esto no va tan mal pensé, así que sin dejar de disfrutar el paisaje, me puse algo más serio a ver si las piernas respondían en las partes que se podía trotar.

Max, en a fondo en algún punto de la carrera. Foto: Matias Donoso

Max, en a fondo en algún punto de la carrera. Foto: Matias Donoso

Luego de bordear al Osorno por su cara Este, cambiábamos de dirección y la diversión aumentaba. La famosa arenilla volcánica se hacía presente y paredes que exigían manos-en-rodillas, hicieron que luego de atravesar un filo ventoso llegáramos a la primera cumbre del día sin ni siquiera notarlo. Pulsera en mano (control por parte de la organización para asegurarse tu paso por acá) me pongo mi traje de vuelo y empiezo el primer descenso del día. Sinceramente no sé si alguna vez fui tan feliz y tan a fondo bajando por donde los chicos de la organización nos hicieron correr. Yo no podía más de felicidad. Cerca del kilometro 20 pasábamos por el 2do puesto de abastecimiento y ya me dicen que voy cerca del top10. Sin perder mucho tiempo acá, sigo mi camino entre medio de senderos rodeados de bosque y vegetación que nunca antes había visto en mi vida.

Tocamos la playa y ya se siente el ruido del camp, miro mi reloj y me doy cuenta de que la gente de los 33k debe estar por de partir. La pasada por el borde del lago estuvo genial, pero acá me di cuenta de que mi banda no estaba muy contenta y la rodilla ya venía un poco tocada, así que volví a perder todos los puestos que había ganado en la subida y bajada. Pasando por la meta, los amigos de siempre dando apoyo e información de cómo iba la cosa en la punta. Converso con Daniel Rowland de cómo: “lo he venido pasando increíble pero no puedo apretar en los planos, así que voy a tomármelo con calma”. Recojo las cosas de mi dropbag, me cambio de zapas (gracias Canuto por la ayuda acá) y parto a enfrentar la 2da mitad de la carrera.

Trotando el falso plano que marcaba el comienzo de la segunda gran trepada del día me alcanzan las liebres de los 33k y ya que no voy en ‘modo competitivo’ no tengo problemas en perder tiempo dándoles la pasada. La arena volcánica hace lo suyo y me siento lento y pesado andando por acá. Mi banda ya inflamada me pesa con cada zancada que intento dar, así que decido caminar. “Con calma” me repetía, veamos que hay arriba de la loma y vemos que pasa. Por fin la subida toma un grado de inclinación agradable para mí y me entra un segundo aire que me da esperanzas. Voy recogiendo algunos cadáveres de los 64k y eso me anima. El sol ya pegaba fuerte y estaba haciendo de los suyos en esta subida que nos tenía a todos marchando cabeza abajo. Cambio abrupto de terreno y ahora el musgo y la arena se convierte en un canalón de piedra al que no se le ve final. Recojo más cadáveres y me doy cuenta de que ya debo ir dentro de los 8 en mi carrera (acá íbamos mezclados los de 64 y 33k así que íbamos varios). La rodilla viene aguantando y yo vengo haciendo mi trabajo. Llego arriba y me pasan otra pulsera (debíamos recolectar 3), unos segundos para absorber donde estoy parado y me vuelvo a poner el wing-suit.

Esta segunda bajada lo tuvo todo; canalones de arena volcánica, pasadas por arbustos y musgo, piedras por doquier, bordear un precipicio y hasta una desescalada donde teníamos que ocupar una cuerda por seguridad. ¿Qué más se puede pedir? Apretando a fondo, alucine de principio a fin y al parecer, lo termine haciendo bien por que cuando llegue al puesto de abastecimiento que marcaba el final de este tramo, me encontré con el 3ro que me quedo mirando con cara de susto al verme llegar.

De aquí en adelante sabía lo que se venía y tenía claro como dolerían los últimos 20k, pero ya estando ahí, valía la pena hacer el esfuerzo y no tirar la toalla pasara lo que pasara. Un corto paso por el pavimento me recordó que la rodilla no quería empujar en los planos y me conforme con mantenerme en movimiento aprovechando de distraer la mente con el rio color turquesa que nos acompañaba al lado del camino. Última pequeña subida del día (pequeña en comparación con las dos primeras) y recojo mi última pulsera; ahora no quedaba más que comerle kilómetros a la meta y seguir moviéndose pensando en el lago y mi merecido chapuzón.

Puño arriba, objetivo cumplido. Foto: Organización

Puño arriba, objetivo cumplido. Foto: Organización

De los últimos kilómetros nada, solo charlar con los que me encontraba en la ruta y aguantar la banda y la rodilla que me venían gritando. Sabía que venía 4to en la general y no iba a poder quitarle nada al 3ro así que me relaje un poco y unos dos kilómetros antes de la meta me pasa uno de los 64k y así es la vida. Yo estaba feliz bajando entre medio de flores y con mi ojo en el lago. La vuelta final que nos hacían dar por la playa antes de cruzar la meta, coronaba un recorrido perfecto sumado a la gente que apoyaba y aplaudía; que pedazo de deporte es este. Otro Ultra adentro y más feliz imposible.

Finalmente, solamente me queda decir gracias totales por un fin de semana de ensueño. Desde la gente del staff que estuvo apoyando desde el principio, hasta los que hicieron posible esta carrera, Vulcano Ultra Trail marcó un antes y un después en nuestra escena local y llegó para quedarse. Ahora no queda nada más que esperar hasta el 2014 para su próxima edición.



Tags: 2013, Chile, Max Keith, Vulcano UltraTrail

Desde Chile, nuestro primer colaborador, otro loco más igual que nosotros. A sus 27 años, Max es otro apasionado por la montaña, desde el patio de su casa nos irá contando que pasa de aquel lado de la cordillera.

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