Trail Running Argentina
Relatos

TNF Endurance Challenge Chile 100M 2014, por Max Keith – Parte 1

Un amigo de la casa del otro lado de la cordillera, Max Keith, corrió su primer carrera de 160k en el TNF Endurance Challenge Chile. Un relato sin desperdicios.

Foto de Portada: En carrera. Cindy Meneses



Canción para acompañar la lectura: Dog Days are Over, de Florence and the Machine

La decisión

El 2011, año en que descubrí que correr por los senderos era un deporte y en que empecé a practicarlo, leí por primera vez de unos dementes que se ponían en la línea de partida de carreras de 160k. ¿Qué? Esto no podía ser posible pensaba yo, eso es ridículo. Más tarde ese año, complete -de manera tortuosa- mis primeros 80k y me di cuenta de que quizás, detrás de esa demencia había algo especial…sin darme cuenta ya me había “picado el bichito” y supe qué algún día yo iba a estar ahí.

Año 2014 y por fin tenemos una carrera de montaña de 160k en nuestro País. Todos (la mayoría) me dicen que “NO”, que ni se me vaya  a ocurrir la idea…, que estoy joven, que no tengo por qué arriesgarme si estoy corriendo bien las otras distancias, que ‘todavía me falta’, qué aquí y que allá. Y bueno, entonces NO dije en Agosto de este año cuando se lanzó la carrera.

2 semanas y medias atrás y algo empieza a molestarme en mi cabecita. Pasan los días y ya no tengo nada que hacer: yo quiero correr las 100m y no puedo dejar pasar la oportunidad de ser parte de la historia acá en mi ‘casa’ y con mis cerros de siempre. Las mismas trabas que me encontré en agosto seguían ahí, pero esta vez yo no doy mi brazo a torcer. Estoy adentro; han pasado algo más de 3 años y ahora yo soy uno de esos dementes que va a tener el privilegio de pararse en la línea de largada de las 100m.

Estuve dos noches con insomnio después de apretar ‘enter’ confirmando mi inscripción en la carrera. No le conté a nadie mi decisión porque no quería seguir escuchando más opiniones al respecto. Yo estaba seguro de lo que quería y eso era todo lo que me importaba.

La previa

Día de entrega de Kit y aparece la pregunta más obvia de todas: Cuánto quieres hacer? Cuanto crees que te puedes demorar? “Sinceramente; no lo sé y tampoco me importa, yo quiero terminar cueste lo que cueste” y así pensaba pararme el día viernes 17 de Octubre con otros 37 locos.

No puedo creer que el momento había llegado. Una sensación de paz y bienestar en general me invade minutos antes de largar.

Cómo se corre por 160k subiendo y bajando cerros?

Cómo carajo parto una carrera de 160k con más de 9000 de desnivel positivo? Con toda la tranquilidad del mundo y una sonrisa de oreja a oreja me respondí.

El recorrido partía en uno de mis cerros favoritos y la verdad es que tuve que morderme la lengua para no salir “compitiendo” en este. Afortunadamente, encontré buena compañía durante toda la trepada y sin darme cuenta, ya estaba viendo el amanecer de Santiago con la cordillera de los Andes ante mis ojos. No sé si había una forma mejor de partir esta larga jornada.

Abasteciendo. Foto: Felipe Contreras

Abasteciendo. Foto: Felipe Contreras

Las cosas fueron bastante tranquilas durante los primeros 50-60kms. Pasado el primer abastecimiento me enganche en el trencito de las 3 mujeres y nos fuimos jugando “a las pillas” -cambiando de posiciones innumerables veces- una y otra vez. Al principio, me preocupe un poco pensando que quizás estaba yendo demasiado rápido con ellas para ser mi primera experiencia…pero al rato me olvide de eso y me dedique a disfrutar, total, el día iba  a ser demasiado largo como para angustiarme tan temprano en la carrera. Mientras no estuviera forzando mucho las cosas, todo debiera ir bien.

Me acuerdo haber llegado al km40 pensando que nunca antes había hecho un “maratón” de montaña tan fácil y sintiéndome tan entero. A ratos, cuando quedaba solo, incluso se me olvidaba que estaba en una carrera y tenía que ver mi número ‘32’ pegado en mi short para recordarme que no podía ‘flojear’ tanto tampoco.  

Las 4 subidas grandes de los primeros 80kms ya habían pasado y yo sentía que la  primera parte no podría haber salido mejor. Las 3 mujeres me pasan volando en el camino de bajada hacia  Puente Ñilhue y yo otra vez a ponerle “freno de mano” para no arrancarme con ellas. El juego de la paciencia fue lo que más practique durante la primera mitad de la carrera.

Preocúpate de escucharte y cuidarte

Ya veo el estadio San Carlos de Apoquindo e incluso escucho al animador del evento.  Vengo trotando con Vero Bravo y la verdad es que no puedo creer que lleve 80kms. Me concentro y por mi cabeza pasa un “flashazo” de las últimas 11 horas de carrera. Despierto de este pensamiento y ya estoy sentado en el abastecimiento recibiendo los cuidados y atenciones de mi equipo del día. “Esto es lo más cerca que me voy a sentir de la fórmula 1”, pienso. Mis amigos me dejan como nuevo y ya estoy trotando de nuevo rumbo a enfrentar la segunda mitad de la carrera.

Todavía vivo. Foto: Felipe Contreras

Todavía vivo. Foto: Felipe Contreras

Pasa un rato y me bajan las revoluciones de haber visto a mis amigos…la verdad ya no estoy fresco como lechuga  y ya no me hace tanta gracia pensar que ‘solo me quedan 80kms y que estoy en la mitad de la carrera’, pero me sacudo las malas vibras y me sigo concentrando en lo que tengo adelante. Mi estrategia de ir paso a paso, abastecimiento a abastecimiento me había estado resultado a la perfección, así que solo tenía que seguir haciendo eso: vivir el presente y estar atento a mis necesidades.

Durante el trayecto entre la entrada al Parque Aguas del Rámon y la famosa cascada, decido -por primera vez en toda la carrera- ‘apretar’ un poco el ritmo a ver qué pasa. En uno de los zig-zags alcanzo a Manu (que se me había escapado por primera vez varios minutos) y le veo una cara de “como sigues haciendo para trepar de esa manera sin bastones” (o quizás no, pero eso quise pensar yo para darme animo) y la paso sintiéndome ridículamente fuerte para llevar 90kms. Lamentablemente, pocos minutos después de eso, me enfrento a mi primer problema grave del día: mi estómago.

Literalmente fue un cambio del cielo a la tierra. No me doy cuenta y estoy tiritando y tengo escalofríos. Me vuelven a pasar las 3 mujeres (más un corredor que había adelantado en este tramo) y las primeras inseguridades del día empiezan a aparecer por mi cabeza.

CONCENTRATE MAX!, era lo único que escuchaba en mi cabeza. Tienes frío? Entonces abrígate! No puedes meterle más calorías a tu estomago? Entonces déjalo tranquilo un rato! No puedes trotar sin que te den nauseas? Entonces tomate tú tiempo hueón !

Afortunadamente, unos 45m después del primer episodio oscuro del día, ya me sentía mejor y estaba trotando rumbo al PC 10. “Esa estuvo cerca” pensaba mientras las luces de la ciudad de Santiago se asomaban en el panorama. La importancia de re-armarse desde cero, me parece que es una de las claves de una carrera tan larga como esta.

La importancia de ver caras conocidas en el camino

Pasa otro rato largo y de vuelta a poner las manos en las rodillas trepando hacia el  Alto del Naranjo. Sabía que estaba a pocos kilómetros de ver a mi equipo de nuevo (y ahora con la incorporación de mis viejos que habían viajado 2000kms para ver a su hijo hacer esta locura) y eso me tenía feliz.

Abasteciendo, tipo formula 1. Foto: Paolo Avila

Abasteciendo, tipo formula 1. Foto: Paolo Avila

Llegue al abastecimiento de Ñilhue y de nuevo; me concentro y pongo atención a mi cuerpo y a mis sensaciones. Qué es lo que necesito? Necesito un par de abrazos para seguir dándole a esto y un par de naranjas, que al parecer es lo único que mi estómago está tolerando más o menos bien.

Después de haber venido adelantándonos una y otra vez con Manu, por fin nuestros ritmos se sincronizaron un poco y caminamos/trotamos conversando hasta llegar al PC12 y bah; que agradable es desconectarse un rato de la carrera y usar la cabeza para comunicarse con otro ser humano.

El reporte sigue mañana, con la última mitad y el final de la carrera.


Tags: 2014, Chile, Max Keith, TNF Endurance Challenge

Desde Chile, nuestro primer colaborador, otro loco más igual que nosotros. A sus 27 años, Max es otro apasionado por la montaña, desde el patio de su casa nos irá contando que pasa de aquel lado de la cordillera.

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